Se la tranquilidad que aporta el amanecer,
en el comienzo de una resaca.
La calma en la que te pierde el sonido del mar,
la limpieza en el atardecer en montañas asturianas.
También he soñado despierto bajo una noche estrellada,
y he ansiado la destrucción que conlleva la erupción de un volcán.
Pero no quiero presenciar ninguna de esas maravillas,
en cuanto hablamos de ello, supe lo que quería,
imagine el PAISAJE.
Aunque lo vi eclipsado por su presencia,
no sabría describirlo;
lo abarcaría todo, calma y destrucción
interminable e inalcanzable como el horizonte
pero acogedor como los brazos de una madre.
Imaginad un viaje de estudiantes,
donde el mar no reuniese los litros de alcohol consumidos,
donde las drogas blandas dejasen paso a sus hermanas mayores,
donde todas y cada una de las neuronas agonizantes de esas pobres cabezas,
solo serian usadas para el vicio y la fornicación o su intento,
todas menos las de ella.
Ella encontraría aquel lugar,
con el que soñaría y añoraría el resto de mi vida.
un paisaje que me enseñaría como ligar con la soledad
y como convivir con la libertad,
un lugar que con su mínima presencia haría único
con una buena conversación
de fondo "los viajes inmóviles"
Sin salir de nuestra dulce rutina, que vivimos en nuestra preciada Madrid.
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